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Entrevista a Ramón Lluís Bande

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"Sangre es una película de gente que camina y que habla en espacios naturales heridos por la historia"
Ramón Lluís Bande (Gijón, 1972) presenta en FICXixón el cortometraje Sangre, entrega preliminar de un proyecto más ambicioso que llevará por título La muerte de los árboles y se inspira en la novela del mismo título que publicó hace unos años. Hablamos con él de esta nueva película.

-Sangre es la adaptación al cine de un capítulo de uno de sus libros y, a la vez, el primer paso de una obra más ambiciosa. ¿Cómo nació el proyecto?

-Cuando escribí La muerte de los árboles, un experimento literario en el que intenté construir un relato sin narración, apoyado exclusivamente en los diálogos de sus protagonistas, no pensaba para nada en llevar esa misma historia al cine. Era una apuesta literaria por buscar, por decirlo de alguna manera, los límites de la narración. En aquel libro utilizaba testimonios que ya había llevado a la pantalla en alguna de mis películas documentales. Concretamente la historia de Sangre está sacada de Estratexa, la película-retrato que grabé con Manuel Alonso, Manolín el de Llorío, el último guerrillero asturiano vivo. Hace unos meses La muerte de los árboles se me presentó con urgencia como la base de una película necesaria y, abandonando otros proyectos en los que estaba trabajando, decidí investigar de dónde venía esa necesidad. Como campo de pruebas necesario para la búsqueda de una forma cinematográfica concreta decidí sacar del guión este capítulo, que creo que perfectamente puede tener vida autónoma como película, y arrancar con él el proceso de producción del largometraje La muerte de los árboles, que espero rodar en el otoño de 2011.



-¿Cómo definiría formalmente la película?

-Sangre está planteada como la búsqueda de una forma cinematográfica más que como un rodaje convencional. Quería responder a varias preguntas importantes: ¿cómo filmar a dos personas hablando? ¿cómo hacer avanzar una historia en la pantalla a través de la voz y de su relación con el paisaje?... Había modelos que me interesaban mucho: Straub, Duras, Costa, Oliveira, Tarkovsky, Sokuorv... pero tenía la necesidad de buscar por mi mismo, que mi mirada cinematográfica, consciente de pertenecer a cierta tradición, evolucionara con esta búsqueda. Sangre, como lo va a ser también La muerte de los árboles, es una película de gente que camina y que habla en espacios naturales heridos por la historia. Respecto a mis películas de ficción anteriores se mantiene lo más destacado de la forma: trabajar en plano secuencia, fueras de campo, utilización de la pantalla en negro como signo de puntuación, estatismo... La gran diferencia aquí es el trabajo con los actores. Hasta el momento nunca había tenido la necesidad de trabajar con los actores de una manera convencional. En este sentido sí que se puede notar cierta evolución y, en cierta manera, en esta nueva manera (para mí) de trabajar con los actores se encuentra, en parte, la identidad de la película.



-¿De qué manera surgió la colaboración con Álvarez-Novoa?

-Cuando escribía el guión, una vez decidido que esta sería mi próxima película, surgió su nombre por casualidad en una conversación y desde ese momento me obsesioné con su participación. Sin saber muy bien por qué necesitaba que Carlos estuviera en este proyecto. No podía ser otro actor. Al final, mi intuición intransigente era acertada: la participación de Carlos en la película, su compromiso con ella, la llevó a otro sitio a dónde no hubiéramos llegado sin él. Trabajar con él fue una de las experiencias más gratificantes y enriquecedoras de mi carrera. La participación de Carlos y el poder rodar en la casa y los espacios naturales reales en los que sucedió la historia que se cuenta convierten Sangre en algo especial.



-¿Resultó compleja la adaptación de una obra literaria escrita por usted mismo a la pantalla?

-Como te decía al principio, en un primer momento este texto quedaba muy lejos de mi cine, pertenecía exclusivamente a mi literatura y no tenía pensado que saliera de allí. Para que me interese llevarlo a la pantalla tiene que sufrir una transformación muy grande. Sin cambiar casi ni una coma de lo escrito, necesita cargarse de cine: de espacios vacíos, de acciones, de tiempo, de buscar una manera propia de decir las palabras... Una parte de eso nace con el guión, pero realmente no empiezas a escribir la película hasta que no estás en los espacios en los que vas a rodar con los actores. La escritura con imágenes en movimiento y sonidos tiene que borrar completamente la huella de la letra en el papel.



Miguel Barrero